Producto propio
Este es Robin. Está ahí abajo y puedes hablar con él ahora mismo.
No es un widget que hayamos instalado. Es un asistente de voz que hemos construido nosotros: escucha, contesta, hace cosas por su cuenta —con tu permiso— y se acuerda de ti. Esta página cuenta qué sabe hacer y, sobre todo, por qué está hecho así.
Pulsa la burbuja de la esquina. Te pedirá el micrófono.

Qué sabe hacer
Ocho cosas, y las ocho se notan hablando con él
Habla y escucha a la vez
No hay botón de grabar ni turnos. Hablas cuando quieres y, si le interrumpes a media frase, se calla y escucha. El corte de turno lo decide el sentido de lo que dices, no el silencio.
Pone cara a lo que está haciendo
Escucha, piensa y habla con tres caras distintas. Y la que enseña no la deciden los avisos del servidor: la decide el audio que de verdad está saliendo por el altavoz, medido en el navegador. Por eso cierra la boca en cada pausa igual que la cerraría una persona.
Te pide permiso antes de guardar nada
Una vez, cuando ve que la conversación va en serio. Y no es una frase amable: si no has dicho que sí, las herramientas que guardan datos le devuelven un error. El permiso lo hace cumplir el código, no la buena voluntad del modelo.
Te dice que es una IA
Sin que se lo preguntes y sin ponerse solemne. Lo pide el reglamento europeo, en vigor desde agosto de 2026, y además queda mejor: parte de la gracia de hablar con él es justamente que es lo que vendemos.
Manda la consulta él mismo
Si quieres que te llamemos, no te manda a escribir un correo: recoge tu nombre, tu empresa y tu contacto durante la charla, te pregunta si la envía, y la envía. Y lo vas viendo en pantalla mientras lo hace.
Se acuerda de ti
Si la llamada se corta, retoma donde estabais sin que tengas que repetir tu teléfono. Y si le diste permiso, te reconoce cuando vuelves otro día. Todo guardado en tu propio navegador: ni servidor, ni cookie, ni identificador.
No te cuelga a media frase
Se despide solo cuando de verdad no hay nadie hablando, y avisa antes de hacerlo. Antes cortaba por duración total y era peor: una llamada que muere en silencio parece una avería.
Se deja mover, cerrar y usar con el teclado
Lo arrastras donde te estorbe menos y se queda ahí la próxima vez. Se abre y se cierra con Enter, se mueve con las flechas y lleva su propio texto para lectores de pantalla.
Cómo está hecho
Lo que no se ve, que es donde está el trabajo
Un solo cerebro para los dos canales
Robin habla y Robin escribe, y los dos leen el mismo fichero. Antes cada bot de la casa llevaba su propio texto y se iban separando: uno sabía cosas que el otro no. Un asistente que se contradice consigo mismo no es un asistente, son dos.
La clave nunca sale del servidor
El navegador recibe un permiso de un solo uso que caduca en minutos y con eso abre la conversación directamente contra el proveedor. La clave de verdad no pasa por el navegador de nadie.
Recortado de verdad, no un círculo con un vídeo dentro
Robin no lleva fondo: son clips con canal alfa, así que se ve su silueta entera, antenas incluidas, igual sobre crema que sobre negro.
Y funciona en el iPhone, que es donde no funcionaba
Safari reproduce esos clips pero pinta la transparencia de negro: Robin salía como un cuadrado. Ahora el navegador se examina solo —dibuja un fotograma y mira si el alfa ha sobrevivido— y quien no puede con el vídeo recibe la misma animación en otro formato. Nadie ve el cuadrado negro, ni siquiera durante la comprobación.
El coste tiene tope, y el tope está en el servidor
La voz en tiempo real se paga por minuto. Hay límite de llamadas por visitante, caducidad del permiso y un techo de duración que no depende de que el navegador se porte bien.
Si pides menos movimiento, hay menos movimiento
Con la preferencia del sistema activada, Robin se queda quieto: placa fija, sin deriva y sin parpadeos. Los avisos siguen apareciendo, porque son información y no adorno.
Y en vuestra casa
El asistente de vuestro departamento se comporta así, pero sabiendo de lo vuestro
Robin sabe de Aether Labs porque es lo que le hemos enseñado. El mismo montaje, aprendido sobre vuestros procedimientos y vuestros documentos, es una de las cosas que quedan montadas al final de un sprint del taller. Y si lo que hace falta es algo que todavía no existe, eso se construye en el laboratorio.